Vivimos en un mundo donde se nos vuelve natural toda esa
tecnología, y dejamos de percibir lo que en realidad se puede apreciar sin
necesidad de máquinas: la Naturaleza, ¡cuántas veces no hemos disfrutado del
cielo, azul y poblado de nubes, a veces en tonos grisáceos, a veces en color
naranja, en ocasiones llegamos a ver un espacio con sol entre las nubes, pero
de noche, ¡qué tristeza que las estrellas no se vean igual! y todo culpa de la
contaminación lumínica, por ello es que no podemos ver más allá de simples
fragmentos de lo que es un cielo repleto de estrellas, donde no está
sobrepoblado y aún la naturaleza les da el privilegio de mirar un poco más de
las constelaciones de esta bóveda celeste.
¿Cuánto daño hemos hecho al medio ambiente? Tanto que, ahora
solamente podemos tener en la imaginación los paisajes donde las lagunas y ríos
son cristalinos, llenos de vida y que prevalece el color verde en vez de la
basura, todo esto son ahora simples fotografías. No nos damos cuenta que cada
día dañamos al ambiente con esa botellita de plástico que tiramos a la calle
porque "nada más es una", y de esa manera piensan millones de
personas, y ya son millones de botellas. Preferimos pasar en nuestros autos,
rápido transitar la avenida sin detenernos a observar y apreciar lo que queda
de la naturaleza a paso lento, tal como pudiera hacerse caminando, pero ¡¿qué
se va a apreciar?! Si lo que tenemos lo destruimos y en su lugar construimos
muros grises de concreto en lugar de verdes y coloridos árboles que pinten la
vista al momento de pasar la mirada.
¿Es en verdad la humanidad "inteligente"? Al
destrozar todo lo que vale la pena y que al final no sirve más que para
separarnos de nosotros mismos, llevándose la esencia de convivir, de salir con
alguien a pasear en un día nublado y de disfrutar de la caída de la lluvia,
algo que ya no se puede porque ahora gota con gota sólo es lluvia ácida. No
podemos ni siquiera acostarnos a descansar por el estruendo de los autos en el
pavimento, llenando cada espacio con el ruido de su motor y los cláxones.
¿Cuándo la humanidad va a cambiar y entender el valor de la
vida? ¿Quién va a educar e inculcar ese valor que ha muerto entre tantas piezas
metálicas de la tecnología, entre pantallas y baterías, y aparatos que afectan
a la atmósfera?
Es clara e imperante la labor del docente, es claro que se debe educar a los
adolescentes para lograr que comprendan cuál es la esencia de la vida en este
mundo.
